Siempre me han gustado las casas que tienen un jardín rústico, sin tanto aparatoso orden, que en ocasiones el jardín llega a verse como de casa de barbie: sin vida y tieso.
Y si tuviera la oportunidad, daría clases de verano para niños y niñas porque el arte creativo y/o manual.
Y cuando los atiendes a tus alumnos en un lugar así, es super recreativo, ya que aprendes, escuchas y hablas con criaturas que como nosotros los adultos tienen metas, sueños y listas interminables por hacer.
Respirar aire puro, comer sano, ejercitarse y hacer cosas lindas tanto para nosotros como para los demás.
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